sábado, 13 de enero de 2018

ARCHIVO


Guarda ese pequeño lugar

en tu corazón

donde limar el absurdo

de los sucesos.

Presérvalo de la mirada del cerebro

para el azar caliente de los sueños.

Deja su espacio

como la habitación propia

en que se guarda

el diario íntimo de los deseos.

No abras su puerta a extraños.

Allí duerme un niño

que crece y se descrece.

Allí están los juguetes desbaratados

y las hojas amarilleadas

de una primera redacción.

Allí, en la consola

imaginaria de tu mente,

el archivo,

lleno de apuntes,

sobre lo imprevisible.

El cheque pagado por vivir.

El recibo por habitar la Tierra.


Guarda, guarda ese pequeño lugar

en tu corazón,

y no digas nunca

que esta amueblado

con el paso de la incertidumbre.

Ni que esconde la ceniza,

resto de la hoguera

de los sentimientos.


No les digas, tampoco,

a los contadores de lo útil,

que los cachivaches

tienen historia,

que los retratos están vivos,

que los huecos

tienen rastros de alma,

que tu casa

es de arcilla y terciopelo

y con llaves de aire

cierras sus secretos.

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